Hoy he vuelto a escuchar la canción, nuestra canción. El calor que transmitía tu mirada, tu voz sonando al mismo ritmo, tu risa. Puedo sentirte cerca al oírla, puedo sentir tus caricias, tus besos. Puedo notar tu presencia aunque nos separen kilómetros de mar.
La canción se ha metido en mí, es difícil de describirlo, pero así me siento menos sola, porque sé que estás ahí, lejos, pensándome, escribiéndome, amándome… escuchando nuestra canción.
‘… Nana del marinero, nudo de antojos. Que nadie te amará tanto como yo. Si ahora pudiera estar mirando tus ojos, iba a estar escribiendo aquí esta canción…’
Hoy he vuelto a recordar, aquellos días que estuviste aquí, aquellas tardes de verano cuando sólo quedábamos tú y yo mirando cómo el Sol se escondía de nosotros dejándonos algo más de intimidad. O aquellos días a las 12 de la noche en el parque, tumbados, acostados sobre el césped mirando al cielo oscuro, sintiendo cada galaxia dentro de mí, sintiendo cada pequeño punto de luz brillante que se encontraba ahí arriba. Ver su reflejo en tus ojos mientras sonaba, sí, nuestra canción. He recordado cómo me cantabas para que yo no derramara ni una sola lágrima al marcharte. He recordado el sabor de tus labios, el sentimiento que me causaba tu mirada, tus ojos inquietantes mirándome una y otra, y otra vez. Y es que hoy, no sé por qué razón exactamente, te he sentido cerca, he cerrado los ojos y he soñado contigo, aún sabiendo que no estás. Recordar los besos que no recuerdo cómo dar, sentir en mi piel las caricias que tanto echo de menos. Tu voz cálida chocando contra mi cuello.
Y es que estoy aquí, amor. Y no me dan los versos, no me dan las líneas, pata tenerte conmigo, para jugar con tu pelo, para morder tu boca.
Y sigo cantando mientras te sigo recordando.
Es increíble lo que puede hacer una canción ¿no crees?